viernes, 16 de abril de 2010

Ich bin ein Berliner

Dice la leyenda urbana que cuando Kennedy pronunció esas palabras queriendo decir que era un berlinés, lo que dijo realmente es "soy un donut cremoso". Esto es una estupidez, pero es más divertido creer que fue así, y más aún teniendo en cuenta lo irónico que resulta que lo dijera apenas cinco meses antes de que Lee Harvey Oswald (o quien fuera) le agujereara como a tal.

El caso es que yo mismo en este preciso momento debería estar repitiendo esa frase en el subsuelo berlinés, tratando de descifrar carteles ininteligibles llenos de palabras imposiblemente largas con diéresis y betas raras por doquier, peleándome con su sistema de transporte público para tratar de llegar al centro. En lugar de ello, estoy aquí clavado a mi silla del laboratorio escribiendo esta basura. Y todo por culpa de un volcán islandés que no ha podido elegir mejor el momento de entrar en cólera. Habrá tenido problemas con la administración vikinga.

Esperemos que mañana sí haya vuelo. Hasta entonces no queda sino gritar orgulloso: "Ich bin ein Icelander!"

European Tour 2010 - Última parte

Luxemburgo es un país minúsculo, diminuto, mínimo, ridículamente pequeño. En superficie se ve ampliamente superado por cualquier provincia española (salvo Guipúzcoa y Vizcaya, pero esas son caso aparte), y su medio millón escaso de habitantes se esparce a lo corto y estrecho más que a lo largo y ancho de su batiburrillo de distritos, cantones, comunas y ciudades. Aunque en el país tienen cierta importancia las industrias del acero, la química y algunas otras, su actividad económica se centra en el sector financiero, lo cual hace de Luxemburgo, de lejos, el primer país del mundo en producto interior bruto per cápica, pero por contra lo sitúa en un delicado equilibrio a expensas de las fluctuaciones del mercado. En cualquier caso, uno se da cuenta inmediatamente de que aquel es un lugar en el que no se debe de vivir nada mal, y si no no hay más que fijarse en sus coches, sus casas, o sus espacios públicos.


La misma existencia de Luxemburgo, su pervivencia hasta el día de hoy, es una de esas rarezas históricas que reducen al absurdo el mapa político europeo. Rodeada durante siglos por las principales potencias, sitiada, pasada mil veces de unas manos a otras, borgoñones, españoles, austríacos, holandeses, franceses, alemanes... y cada uno aportando una nueva muralla, un baluarte, una torre y qué se yo, hasta convertir aquel enclave en una fortificación magnífica, en un Gibraltar del norte.
Tras dejar atrás la ciudad fortaleza, nos internamos en las ondulaciones de las Ardenas belgas, tachonadas de frondosos bosques cubriendo sus montes de piedra casi negra. A través de estos parajes impenetrables es por donde los nazis tomaron Francia y los Países Bajos en un par de meses, al principio de la Segunda Guerra Mundial, y también donde recibieron una herida mortal recién estrenado el año 45 que precipitaría el final de la guerra en Europa. Para recordar aquella batalla hay un par de tanques aliados en La Roche-en-Ardenne, población por cierto preciosa que conserva un señorial castillo negro del siglo XI y una iglesia que unidos a esos dos tanques conforman un cuadro cuanto menos pintoresco... será que les gusta la variedad.


Aquí nos encontramos con algunos compañeros de batallas que estaban destacados en estas tierras según el uso de los comandos, y a nosotros se unieron hasta la siguiente etapa: Rochefort. En esta pequeña villa destacan allá en lo alto las ruinas de su castillo, y más alto aún resulta de interés la réplica de la capilla de Loreto, virgen negra incluida.

De nuevo solos nos encaminamos a Dinant, ciudad que de pronto se te echa encima, abalanzándose a través de un tajo en la montaña que la sirve de muralla natural. Con el recuerdo de la abadía de Leffe en plena ruta de la cerveza, y de su peculiar catedral de cara al Mosa, a modo de muda testigo de la agonía de nuestro último día de viaje, ensillamos por última vez nuestras monturas y regresamos a Gante con la agridulce sensación que proporciona la conclusión de toda historia.


Quedan atrás más de mil kilómetros, mucha gente, y varias ciudades y pueblos con infinidad de nombres distintos cada uno, tantos como idiomas se han hablado alguna vez en ellos, reflejando la riqueza de su historia y la complejidad cultural que puede llegar a manifestarse en un área tan reducida y tan próxima. Queda seguir viajando, siempre.

jueves, 15 de abril de 2010

European Tour 2010 - Tercera parte

Al amanecer del día diez, Colonia ya nos esperaba. Pero tuvo que esperar un poco más, pues, ya ven lo que son los contratiempos, mi compañera de viaje se levantó con conjuntivitis. Tras aplicarse el ungüento que nos proporcionó un boticario local, ya sí que estuvimos listos para nuestra visita. El espacio que ocupan hoy un millón de personas y que es conocido por ellas como Köln fue prácticamente bombardeado hasta los cimientos en la Segunda Guerra Mundial, de ahí que todo el centro tenga ese aire sobrio de los cincuenta, aunque las calles conserven su trazado medieval. Enseguida la catedral se confirmó como la mole que parecía al abrigo de la noche anterior, dominando toda la ciudad merced a la altura de sus gruesas torres. El resto de Colonia es una ciudad moderna y comercial salpicada por un puñado de iglesias románicas reconstruidas tras la guerra que parecen estar siendo fagocitadas por edificios de acero y vidrio.

A mediodía continuamos nuestra ruta, sacrificando el paso por Fráncfort y dirigiéndonos directamente a Trier, la romana Tréveris, una de las cuatro capitales del Imperio Romano en tiempos de la Tetrarquía. Es esta una pequeña ciudad creo que desconocida, y desde luego muy sorprendente, que conserva varios vestigios romanos en razonable buen estado: el anfiteatro, varias termas, un puente sobre el Mosela, la “Porta Nigra” y el Aula Palatina, que es la sala de mayores proporciones que nos ha llegado desde la antigüedad, hoy templo protestante y antaño salón del trono del palacio de Constantino I el Grande. Espectaculares son también la iglesia de Nuestra Señora y la adyacente catedral de San Pedro, construida entre los siglos IV y XVII y en la que cada elemento permanece fiel al estilo de la época en que fue añadido.

Al caer la tarde partimos de Trier con nuestra mirada puesta en el cercano Gran Ducado de Luxemburgo. Allí encontramos refugio en el pequeño pueblo de Buerglënster, enclavado en lo más recóndito de las montañas del distrito de Gravenmachter. La sobrecogedora imagen de la sombra de su castillo de cuento de brujas cerniéndose sobre la población se evaporó en cuanto escalamos hasta su misma puerta para descubrir que había sido convertido en un complejo de restaurantes y salas de exposiciones. Con la tranquilidad de saber que no habíamos ido a caer en un pueblo maldito, dormimos como nunca antes.

lunes, 12 de abril de 2010

European Tour 2010 - Segunda parte

Viernes nueve, mediodía largo. Con el sol bien alto sobre nuestras cabezas, abandonamos Gante rumbo al este en un flamante carruaje gris tirado por ochenta y seis caballos checos. Veloces como una saeta atravesamos los llanos campos flamencos, donde pagamos nuestra inexperiencia perdiéndonos en Amberes, mas finalmente alcanzamos la región de Limburgo, donde paramos a alimentar a las bestias antes de aventurarnos en territorio germáno, pues allá el forraje alcanza precios estratosféricos.

Ya bien alimentado nuestro tiro reanudamos el periplo, internándonos en los oscuros y boscosos montes de Renania. De pronto, casi sin esperarlo, ¡de la nada surgió Aquisgrán! Ésta es una pequeña ciudad de innegable carácter carolingio, habitada por unos dos centenares de miles de almas, todas ella bien guardadas por su catedral, hermosa por fuera, soberbia, magnífica, sobrecogedora, imponentísima por dentro. No creo que haya palabras para describir lo que uno experimenta ahí aislado, en el mismo centro de la catedral, que no es sino la capilla del palacio de invierno de Carlomagno; experiencia que se debe no al hecho de que uno se encuentre en el lugar en el que durante siglos fueron ceñidas las coronas a las cabezas de los hombres que se sentaron en el trono del Sacro Imperio Romano Germánico, sino más bien por su irrepetible belleza, sus increíbles dorados, sus frescos, su armonía, su luz.

Absolutamente maravillados, continuamos camino hacia nuestro destino del día: Colonia. Igual que Aquisgrán, Colonia se halla oculta en el bosque, adosada a la cicatriz que a lo largo de éste traza el poderoso Rin. Para no desacostumbrarnos de lo excepcional, a nuestra llegada nos esperaba la descomunal mole de piedra ennegrecida de ciento cincuenta y siete metros de altura que es su catedral. Agotamiento, vista general nocturna, cena saludable compuesta por veinte o treinta alitas de pollo rebozadas y bañadas en aceite –lo que implica el fallecimiento de diez a quince pollos y, de convertirse en costumbre, la mía propia… escalofriante- y sueño reparador en una posada de mala muerte.

jueves, 8 de abril de 2010

European Tour 2010 - Primera parte

Cansados de la rutina erasmus (suena increíble, ¿verdad?), mi leal compañera Gelines (pronúnciese ielains si se encuentra, como es mi caso, allende el limes) y yo nos hemos visto impulsados por el buen tiempo reinante y hemos decidido tomar el mango por la sartén: nos vamos. Ha sido tan sencillo como alquilar un coche y, casi al estilo dadaísta, trazar en un mapa un círculo de un millón de metros, por trabajar con números redondos. Metro arriba, metro abajo, eso sí. El resultado diferirá o mucho o nada de lo planeado, tal es mi tendencia al extremo, pero me atrevo a decir que la cosa debería quedar aproximadamente así:

Gante (obvio) - Aquisgrán/ Aachen/ Oche/ Aix-la-Chapelle/ Aquisgranum (¡qué de nombres tiene este sitio, ni los infiernos!) - Colonia (imagino que olerá bien) - Frankfurt (donde las salchichas) - Trier (donde Lars von) - Luxemburgo (aquí sé positivamente que no huele bien, huele a pies, pero eso es parte de otra historia...) - Arlon - Dinant - Namur - Gante (otra vez, parecía evidente).

De esas tres anteriores a Gante no es que no haya que decir nada, son las tres ciudades de las Ardenas belgas, pero sus nombres no me inspiran nada. Simplemente.

Bueno, pues a la vuelta más, que esto no es una crónica, sino una nota preliminar...