martes, 2 de marzo de 2010

Mechelen

Mechelen, que en la voz enlatada del tren suena algo así como mékelen, es una de esas ciudades flamencas que parecen hechas con molde: unos cuantos canales por aquí, un par de torres por allá, un puñado de iglesias, ayuntamiento resultón, fachadas rematadas con frontones algo estrambóticos, y voilà! Pero en Mechelen se me combinaron un par de elementos que a mis ojos la hacen diferente a las demás.

El primero, dados sus escasos tres metros para los cien, se ve a simple vista, y es la torre de la catedral de San Romualdo. Vale, no es la más alta de Bélgica, pero desde luego a mi me lo pareció. Será culpa de la perspectiva de la plaza, del degradado del color de los sillares, de su peculiar planta, de su "parece que va a seguir pero no", o qué se yo, pero algo hay que la engrandece. Eso sí, es aún más impresionante por dentro que por fuera, y ya es decir. Uno se da cuenta de esto al llegar a una altura ya respetable y encontrarse perdido en un bosque de campanas (¡cuarenta y nueve, nada menos!) y de pronto hacerse en punto y parecer que el eco va a abrirle el pecho en dos. Y entonces continúa la subida, y sin tiempo para recuperar el aliento 538 escalones más tarde, lo vuelve uno a perder al salir a la azotea y sentirse encerrado en una celda irónica de paredes invertidas... y aqui viene el segundo punto diferenciador de Mechelen, que a diferencia de la torre no está ahí siempre, sino sólo durante mi visita: la dichosa ciclogénesis explosiva, que en lo más alto de la más alta torre de la ciudad asusta un poco, a pesar de tener un nombre que de primeras suena ultra poético.

El caso es que eso de ciclogénesis explosiva no es un término tan poético. De hecho, es más bien séptico, desagradable y brutal. Tanto que describe a la perfección los sentimientos que profeso ahora mismo hacia la burocracia, la española y la belga, que lo mismo me dan. Pero esa es otra historia que trata sobre mi condición actual de no-alumno de la Universidad de Gante y que quizás me apetezca contar cuando haya salido de este entuerto, si es que salgo, claro. En fin, que muy bonita Mechelen, no dejen de visitarla.

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