Volvamos al asunto aquel de mi calidad de estudiante en el limbo. En resumen -que no merece la pena extenderse-, según mi oficina de la Seguridad Social (en adelante, las SS) mi tarjeta sanitaria está correctamente tramitada, pero la han extraviado en correos. ¡Bellacos, cómo han podido! Suerte que al rescate apareció otra oficina de las SS, la de Salamanca, donde visto lo visto deben de tener atribuciones especiales emanadas directamente de Su Majestad en persona, o del Santo Padre, dado que allí es donde comenzó el fin de mi aventura, donde me fue devuelta mi ciudadanía en forma de certificado provisional sustitutorio. Eso sí, hasta abril, no vaya a ser que me crezca.
De modo que allá me voy yo con mi papelote, escrito en perfecto castellano para que aquí no lo entiendan, hacia el Rectoraat, pensando en todas las descalificaciones e improperios que voy a vomitar en la cara del Exchange Student Advisor cuando me diga que mi salvoconducto no sirve y que "I can't do nothing"... y va el tío y no sólo no me pone ninguna pega, sino que me extiende la matrícula hasta junio. ¡Toma ya! Y va y me dice que bueno, que a él no le importa tanto eso del seguro médico, que es cosa mía, para estar cubierto por si me pasa algo y esas cosas... ¡pues eso mismo me podrías haber dicho antes, macho! Así que ahí estaba yo, con otro papel aún mejor que el de antes, entre furioso, estupefacto y eufórico, frente a frente con ese hombre tan increíblemente poderoso, diciendo con mi vocecita temblorosa "dank u wel" y echando a correr no fuera a ser que Su Excelencia cambiara de parecer.
Ahora tan sólo queda el último de los trabajos de Hércules: recuperar mi conexión a internet. Dios, empiezo a estar harto de esta broma...
De modo que allá me voy yo con mi papelote, escrito en perfecto castellano para que aquí no lo entiendan, hacia el Rectoraat, pensando en todas las descalificaciones e improperios que voy a vomitar en la cara del Exchange Student Advisor cuando me diga que mi salvoconducto no sirve y que "I can't do nothing"... y va el tío y no sólo no me pone ninguna pega, sino que me extiende la matrícula hasta junio. ¡Toma ya! Y va y me dice que bueno, que a él no le importa tanto eso del seguro médico, que es cosa mía, para estar cubierto por si me pasa algo y esas cosas... ¡pues eso mismo me podrías haber dicho antes, macho! Así que ahí estaba yo, con otro papel aún mejor que el de antes, entre furioso, estupefacto y eufórico, frente a frente con ese hombre tan increíblemente poderoso, diciendo con mi vocecita temblorosa "dank u wel" y echando a correr no fuera a ser que Su Excelencia cambiara de parecer.
Ahora tan sólo queda el último de los trabajos de Hércules: recuperar mi conexión a internet. Dios, empiezo a estar harto de esta broma...
