Nunca hay oscuridad absoluta,
no existe el completo silencio.
Siempre se oye un zumbido,
un murmullo, un repiqueteo,
algún alarido lejano
quebrantando la opalina claridad
de la helada noche neblinosa.
Siempre aparece un resquicio de luz
que se cuela furtiva por debajo de la puerta
o que fluye pesada y lenta
por entre las lamas metálicas de la cortina.
Nunca hay tregua.
sábado, 5 de diciembre de 2009
jueves, 3 de diciembre de 2009
Crónica primera
En el año de Nuestro Señor de dos mil y nueve, su Majestad el Rey tomó la determinación de enviar a quien esto suscribe con un tercio español a tierras flamencas. Innumerables son las aventuras y desventuras a las que este tercio, con más pena que gloria, ha ido sobreviviendo durante estos tres meses en un país extraño, habitado por gentes no menos extrañas. En lo que al clima se refiere, y obviando el hecho de que a las 8 de la mañana aún no es de día y a las cuatro de la tarde ya ha caído el sol, es a las lluvias intensas, a los vientos endiablados y a las brumas a quienes les debo el estar postrado en este catre desvencijado escribiendo esta primera crónica, debatiéndome entre la vida y la muerte aquejado de pulmonía. Quiera el Señor que esta crónica sea sólo la primera, y no también la última.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
