Se acabó:

Este tercio se vuelve a las españas, con la cabeza bien alta y la sensación analgésica del deber sobradamente cumplido. Quiera el Señor que nuestro buen Rey estime justamente el esfuerzo de quien esto suscribe, y tenga a bien otorgarme la licencia y los maravedís prometidos, a pesar de la muy hispana bancarrota de sus Estados.
Vuelvo a casa. Al menos hasta que la miseria, el hastío o el hartazgo me impulsen de nuevo a embarcarme en otra guerra que no es la mía, a exiliarme en algún remoto rincón del vasto campo de batalla que es Europa.
Hasta entonces sólo queda malvivir sumergido en una sociedad que ya no es la propia, y arrastrarse al amparo de la oscuridad por los estrechos callejones de la administración, peleando a capa y espada por una beca, una ayuda, una subvención o, ¡pardiez, unas prácticas!
Qué dura es la vida del soldado en Flandes... ¡y qué duro su regreso!

Este tercio se vuelve a las españas, con la cabeza bien alta y la sensación analgésica del deber sobradamente cumplido. Quiera el Señor que nuestro buen Rey estime justamente el esfuerzo de quien esto suscribe, y tenga a bien otorgarme la licencia y los maravedís prometidos, a pesar de la muy hispana bancarrota de sus Estados.
Vuelvo a casa. Al menos hasta que la miseria, el hastío o el hartazgo me impulsen de nuevo a embarcarme en otra guerra que no es la mía, a exiliarme en algún remoto rincón del vasto campo de batalla que es Europa.
Hasta entonces sólo queda malvivir sumergido en una sociedad que ya no es la propia, y arrastrarse al amparo de la oscuridad por los estrechos callejones de la administración, peleando a capa y espada por una beca, una ayuda, una subvención o, ¡pardiez, unas prácticas!
Qué dura es la vida del soldado en Flandes... ¡y qué duro su regreso!
